La fuerza interior
Para Andrés LDV
Ella también se cansó de este sol…
Una acción. Una acción implica otra acción. Pero ambas son distintas. Una fuerza que va hacia una dirección; la segunda se deposita en el interior de otra persona.
Una cabeza que asoma. El mundo se mezcla en ella. El cuerpo desnudo, lleno de sangre, es recogido con suavidad. Ella no comprende la escena. Un grupo de extraños hombres blancos se acerca al centro de la sala; mientras tanto, otros dos la retienen. Ella tiene miedo y empieza a llorar. La sangre brota con fuerza desde el centro; la habitación se llena de olor a muerte.
Un nacimiento. Un nacimiento implica una fuerza. Pero a veces esa fuerza desborda la propia vida. Una fuerza que acaba con una mujer; la otra, la que ha nacido, llevará esa fuerza por siempre.
viene a mojarse los pies a la luna…
Cuando se cansa de tanto querer…
Ya es de noche. Ella está esperando el colectivo. Lleva puesto un sobretodo negro que cubre su cuerpo; debajo tiene un pullover y un saco, además de un jean gris. Abre el bolso preocupada y recoge despacio el celular. Está sonando. Estoy en la parada; todavía no vino el colectivo. Mira a su alrededor y empieza a caminar de un lado al otro. No, papá, no me llames, no te voy a poder atender; no te preocupes, voy a estar con mis amigas. A lo lejos, el colectivo dobla la esquina y disminuye la marcha. Vos también cuidate; te quiero.
Ella toca el timbre y luego se baja. Está oscuro: sólo la luna se deja ver entre las casas y los árboles. Llega hasta la puerta de Andrés y toca el timbre. Él sale a recibirla: la abraza; se dan un beso. Luego, entran.
ella es tan clara que ya no es ninguna…
Sube a las hojas y cae hasta el mar…
La pava está hirviendo; un chillar horrible perfora las paredes de la casa. Me mentiste. Apaga el fuego y saca de la alacena un frasco que dice AZUCAR. ¿Qué te podía decir?; si te decía la verdad no me ibas a dejar salir. Ella está llorando; tiene un pañuelo en la mano. Vos y tus mentiras; no es la primera vez que pasa. Mete la cuchara en el frasco y se sirve dos veces en la taza. Perdón; no lo voy a volver a hacer. Agarra un saquito de te y lo echa en el agua. Olvidate; olvidate de salir por mucho tiempo, que te quede bien claro; desde ahora vas a tener que cambiar. La cuchara gira alrededor de la taza unas cuantas veces. Luego, él se la lleva a la boca. Ella se va, impotente y desgraciada, hacia su habitación. Cierra la puerta; el golpe resuena por toda la casa y el llanto va apagándose, poco a poco, hasta volverse silencio.
como es que puedo tocarle las manos…
De dónde vienen quienes al nacer…
Esa noche. Ella está vomitando. La casa está a oscuras; sólo la luz del baño se mantiene prendida. Esa noche. El ruido despierta a su padre; él se levanta y va, confundido, a entender qué es lo que pasa. Esa noche. Ella lo mira; sus ojos se mezclan, se confunden. Vomita palabras, mentiras Vomita fuerza, placer. Vomita vida. Ella sabe por qué vomita (pero él no). Esa noche. Esa noche donde sólo la luna alumbraba el paisaje, donde los amantes pudieron encontrarse (sí y sólo sí en secreto). Esa noche dejaron todo su ser; esa noche se corrió el velo que cubría su cuerpo. Pero los dos inocentes no pensaron en lo que podía pasar, si no se cuidaban como debían.
Ella vomita su esfuerzo, su miedo, su no-saber que hacer, su no-saber qué va a pasar. Ella vomita su enojo. Él la mira y entiende. Luego la abraza y le pide que lo perdone. Ella vomita su ira; se purifica.
llueven y llueven y en ella se juntan…
Yo me recuesto y ella en el final…
Una acción. Una acción implica otra acción. Lo mismo pasa en una historia. Un comienzo. Un comienzo que se repite. Sin embargo, el segundo es distinto.
La fuerza interior reaparece, entibia el cuerpo y lo relaja. Con calma, las paredes van cediendo. Esta vez, esa fuerza maternal es la que empuja, la que abre un nuevo camino. Esta vez, no es la mujer la que, con su vida, entrega el alma para un nuevo mundo. La fuerza interior, adquirida al nacer, se agota completamente, y preserva la esencia natural que será requerida en algún otro tiempo.
Ella sostiene en sus brazos al niño que acaba de nacer. Una suave sonrisa que disuelve los malos recuerdos se dibuja en su rostro. Un grupo de extraños hombres blancos caminan alrededor de ella. Afuera, él espera impaciente.
viene a dormirme movida de estrellas…
Ella despierta como de un sueño y mira en busca de algo que la entretenga. Piensa que ha sido un ruido, piensa en el niño que duerme. Piensa que no. No ha sido nada en realidad. La ventana está abierta, y por ella entra una frágil brisa que mueve las cortinas. Ella la cierra y vuelve a acostarse. En la oscuridad, una lluvia de estrellas abre el camino a la luz de la luna. Ella lleva su mano hacia la cintura de Andrés. Luego, se duerme.
viene a dormirme movida de estrellas.