El calor me sofoca.
Mis huesos rompen la carne, la maltratan. Te veo a lo lejos llegando como si fueras un ángel (ha llegado el tiempo de creer en Dios).
¡Oh! Tú nos querías; nosotros te queríamos a tí. Pasabamos buenos momentos juntos, planeábamos un futuro mejor.
¡Ah! La sangre caliente recorre mis venas y nubla mi mente. Un vapor incontrolable sofoca mi interior: la caldera se rompe en mil pedazos, suena el grito de venganza.
¡Nos has traicionado! Nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestras esperanzas. Nuestro llanto no cesa. Cada uno de ellos se rompe ahora bajo la puerta del infierno, un infierno rojo y brillante, altamente alterado por todos esos parásitos. ¡Ay, si lo supiera la gente! Les mentiste a todos.
Ellos creían en tí.
No es cierto, era en nosotros.
Debías asegurar que aquella triste obra de traición y engaño fuera puesta en escena asegurando el más mínimo detalle. Bruto fue tu maestro; tú lo has superado.
Antes eras de un color. Ahora eres de otro.
Te veo a lo lejos, te veo sonriendo, sosteniendo entre tus dientes el corazón de un pueblo. Les has robado el alma.
¡Ah! Llegará el día en que nos encontraremos en batalla. El sol brillará y las nubes habrán de olvidar su presencia. Te has metido en un poderoso imperio, pero no por eso mejor que el nuestro. ¡Combatiremos! Será con la flor de la palabra, aquella que acaricias cada vez que hablas.
¡Que lo sepan todos! Que sepan de tu cobardía. No tienes valor para decírselos, ni al más pequeño de ellos. No tengo miedo de morir en la batalla, pues sólo será una y al final sé que ganaremos la guerra. Mientras tanto, seamos amables. Mostrémonos unidos, vaciándo el contenido de nuestras palabras.
Y sonriamos. Ellos deben vernos sonreir.
¿Deben?
No quiero oir el final de esta historia. Los parásitos vendrán finalmente y lo cubrirán todo. Cada flor que nazca será arrancada de raíz, y todo aquel alimento que se haya formado servirá para agrandar su mesa. Soldados ignorantes que no reparan en gastar balas, sea amigo o enemigo, que reniegan de su pasado y confían en un futuro de papel.
¿Qué más da?
Nuestros gritos de piedad serán avasallados, nuestros corazones serán destrozados, y nuestras mentes arrancadas verán pudrirse bajo el sol de un nuevo día. Pero nuestras ideas podrán sobrevivir a pesar de todo. Llenaran las esperanzas de aquellos pocos valientes; servirán de guía para que nuestra tierra sea fértil otra vez.
No lo creo. Reniego de mis palabras. El temor es infundado (pero es temor al fin).
Caerás. Caerás finalmente, y tu poder jamás volverá a amenazarnos. Labraremos nuestras armas, construiremos nuestras armaduras. Nuestros materiales son escasos y las ideas no son tan frescas, pero algo nos diferencia: no estamos solos.
¡Basta ya de guerra! Las miradas se encuentran. Los dos sonreímos: nos equivocamos.
Todo se funde en el amor.

Y pensar que aún “los malos” son necesarios dentro de los escenarios que a diario configuramos para nosotros y los nuestros…
un abrazo